¿Deberíamos resolver la conciencia de acceso antes que el problema difícil?

  • ¿Deberíamos explicar primero cómo la información llega a estar disponible para el razonamiento, la memoria y el reporte verbal antes de intentar explicar la propia experiencia subjetiva?

  • ¿O esa estrategia está destinada a dejar sin respuesta la pregunta más importante?

Hace ya unos quince años que dejé de lado la investigación sobre la conciencia artificial. En aquel momento, mi trabajo se centraba principalmente en modelos funcionales de la conciencia de acceso, en particular en la Teoría del Espacio Global de Trabajo (Global Workspace Theory, GWT) de Bernard Baars. Ese enfoque tenía todo el sentido desde una perspectiva de ingeniería. Mi objetivo era entender si estos modelos podían mejorar los sistemas de IA y, en última instancia, demostrar su valor práctico en la construcción de agentes inteligentes.

Sin embargo, la conciencia de acceso nunca fue mi objetivo principal. Lo que siempre me ha intrigado es la conciencia fenoménica: la experiencia subjetiva de lo que se siente al percibir, pensar o simplemente existir. Sospecho que esto también es cierto para muchas personas atraídas por el estudio de la conciencia. Aunque las teorías funcionales son populares y ayudan a explicar cómo la información llega a estar disponible para el razonamiento, la memoria y la toma de decisiones, la pregunta que sigue intrigándonos es la que David Chalmers denominó célebremente el problema difícil (hard problem): ¿por qué un proceso físico puede dar lugar a una experiencia subjetiva?

Los muchos significados de la conciencia

Si te interesa el estudio científico de la conciencia, probablemente habrás notado que la palabra conciencia resulta a la vez muy familiar y extraordinariamente difícil de definir. Los investigadores la utilizan de distintas maneras, a menudo para referirse a fenómenos relacionados pero diferentes, y todavía no existe una definición universalmente aceptada.

Una forma de avanzar consiste en adoptar una especie de estrategia de divide y vencerás: en lugar de intentar explicar la conciencia como un concepto único y monolítico, podemos separarla en distintas dimensiones e investigar cada una por separado. A lo largo de los años se han propuesto varias taxonomías, pero una de las más influyentes procede del filósofo Ned Block, quien distinguió entre conciencia de acceso y conciencia fenoménica.

La conciencia de acceso se refiere a la información que está disponible para que el sistema cognitivo la utilice en el razonamiento, la toma de decisiones, el reporte verbal, la planificación y el control de la conducta. En otras palabras, es información que el cerebro puede usar. La neurociencia cognitiva moderna ha desarrollado modelos cada vez más detallados sobre cómo podría implementarse, entre ellos la Teoría del Espacio Global de Trabajo (GWT) de Bernard Baars y el Espacio Global de Trabajo Neuronal (Global Neuronal Workspace, GNW) de Stanislas Dehaene, en los que la información pasa a estar disponible globalmente mediante interacciones recurrentes a gran escala en la corteza cerebral.

La conciencia fenoménica, en cambio, se refiere a la propia experiencia subjetiva: cómo se siente ver el color rojo, escuchar un violín o sentir dolor. Este es el ámbito de los qualia y el centro de lo que David Chalmers llamó el problema difícil de la conciencia.

En la filosofía de la mente y la investigación sobre la conciencia, estos dos conceptos se han vuelto fundamentales porque separan dos retos explicativos muy distintos. Uno se refiere al papel funcional de la información en la cognición; el otro, a la existencia de la experiencia subjetiva.

Esto plantea una pregunta metodológica interesante: ¿Necesitamos comprender la conciencia de acceso antes de poder aspirar a explicar la conciencia fenoménica?

Argumentos a favor de explicar primero el acceso

Muchos neurocientíficos cognitivos sostienen que comenzar por la conciencia de acceso no solo es práctico, sino científicamente inevitable.

En primer lugar, la conciencia de acceso se presta al estudio experimental. Los investigadores pueden manipular la conciencia visual mediante el enmascaramiento, la rivalidad binocular o paradigmas atencionales mientras registran la actividad cerebral con EEG, MEG, fMRI o electrodos intracraneales. Estos métodos han revelado indicadores neurales reproducibles asociados al acceso consciente, como la activación cortical generalizada, el procesamiento recurrente y los componentes electrofisiológicos tardíos.

En segundo lugar, explicar el acceso establece un puente entre la conducta observable y los mecanismos neurales. En lugar de preguntar por qué existe la experiencia, los investigadores pueden formular preguntas que admiten respuestas experimentales:

  • ¿Por qué un sujeto puede informar de un estímulo y no de otro?
  • ¿Qué eventos neurales distinguen el procesamiento consciente del inconsciente?
  • ¿Cómo pasa la información a estar disponible para la memoria, el razonamiento y la toma de decisiones?

Estas preguntas generan hipótesis comprobables y predicciones medibles.

También existe un argumento histórico. La ciencia suele avanzar explicando mecanismos funcionales antes de abordar cuestiones conceptuales más profundas. La biología explicó la herencia antes de que se descubriera el ADN. La termodinámica precedió a la mecánica estadística. Se logró volar mucho antes de que la teoría aerodinámica estuviera completa. Tal vez la investigación sobre la conciencia siga un camino parecido: comprender los mecanismos del acceso consciente podría acabar revelando principios que arrojen luz sobre la experiencia subjetiva.

Por último, sus defensores sostienen que algunos enigmas filosóficos podrían disolverse en lugar de necesitar explicaciones independientes. Si llegamos a comprender con suficiente detalle los mecanismos cerebrales que subyacen al acceso consciente, puede que nuestras intuiciones sobre el “problema difícil” terminen cambiando.

Argumentos en contra de esta estrategia

Los críticos sostienen que explicar la conciencia de acceso, por completa que sea la explicación, no basta por sí solo para explicar la conciencia fenoménica.

Una de las razones es conceptual. La conciencia de acceso se ocupa de lo que la información puede hacer dentro de un sistema cognitivo. La conciencia fenoménica se ocupa de cómo es la experiencia desde la perspectiva de la primera persona. Parecen ser dos objetivos explicativos diferentes.

Imaginemos a un neurocientífico del futuro capaz de predecir cada informe conductual, cada decisión, cada recuerdo y cada estado neural asociado a ver el color rojo. Según los críticos, aún quedaría una pregunta:

  • ¿Por qué se siente algo al ver el color rojo en lugar de no haber experiencia alguna?

Ninguna descripción funcional parece responder directamente a esa pregunta.

Esta crítica sustenta la distinción de David Chalmers entre los “problemas fáciles” de la conciencia, que se refieren a funciones conductuales y cognitivas, y el “problema difícil”, relativo a la propia experiencia subjetiva.

Por ello, algunos investigadores sostienen que empezar por el acceso puede restringir involuntariamente el alcance de la investigación. Al centrarse en la capacidad de informar, la memoria de trabajo o la toma de decisiones, los científicos podrían acabar explicando las consecuencias cognitivas de la conciencia en lugar de la conciencia misma.

Las teorías alternativas ilustran esta preocupación. La Teoría de la Información Integrada (phi), por ejemplo, intenta caracterizar la conciencia en términos de estructura causal intrínseca en lugar de acceso cognitivo global. Otras propuestas se centran en el procesamiento sensorial recurrente, el procesamiento predictivo o la interacción corporal con el entorno, y cada una sugiere que la experiencia consciente podría no depender de los mismos mecanismos que permiten informar y razonar.

¿Es el acceso necesario, suficiente o ninguna de las dos cosas?

El debate gira, en última instancia, en torno a tres posibilidades.

  • La primera es que explicar la conciencia de acceso sea necesario, pero no suficiente. Desde este punto de vista, comprender la disponibilidad global, la atención, la memoria y la toma de decisiones proporciona una base esencial, aunque al final sea necesario un principio adicional para explicar la experiencia fenoménica.

  • La segunda posibilidad es que la conciencia de acceso sea tanto necesaria como suficiente. Una vez que se comprendan por completo los mecanismos del acceso consciente, podría resultar que la experiencia subjetiva no necesitase ninguna explicación adicional. Algunos defensores de los enfoques funcionalistas se inclinan por esta posición, aunque las opiniones varían considerablemente.

  • La tercera posibilidad es que la conciencia de acceso no sea ni necesaria ni suficiente. Si la conciencia fenoménica depende de principios fundamentalmente distintos del acceso a la información, centrarse en el acceso podría convertirse incluso en un desvío científico.

En la actualidad no existe consenso sobre cuál de estas posibilidades es la correcta.

Una cuestión más general sobre el progreso científico

Quizá el debate refleje una cuestión más amplia sobre cómo avanza la ciencia.

La historia muestra que los científicos rara vez resuelven directamente las preguntas más profundas. En su lugar, construyen explicaciones capa a capa y desarrollan teorías que dan cuenta de conjuntos de observaciones cada vez más ricos. Los mecanismos descubiertos en un nivel se convierten a menudo en la base de avances teóricos más profundos.

Todavía no sabemos si la conciencia seguirá este patrón.

Comprender el acceso consciente podría acabar revelando los principios de los que emerge de forma natural la conciencia fenoménica. O podría mostrar los límites de los marcos computacionales y neurocientíficos actuales y obligarnos a desarrollar conceptos completamente nuevos.

Cualquiera de los dos resultados representaría un progreso científico.